lunes, 6 de abril de 2020

Relatos de mujeres COVID-19 | I’ll Survive


Por: Irma Alma Ochoa Treviño | Monterrey, Nuevo León | abril 2020

Me llamo Irma Alma Ochoa Treviño, soy nuevoleonesa, defensora de derechos humanos, casada por
Irma Alma Ochoa | Monterrey
amor y madre por decisión.

El confinamiento a que dieron lugar los recientes acontecimientos, interrumpe nuestros planes, proyectos, viajes, visitas, celebraciones, conferencias, talleres, etcétera. El coronavirus ha puesto al mundo de cabeza y ha provocado un sinfín de emociones difíciles de explicar.

Trataré de encontrar la palabra exacta para expresar las emociones que me generan la pandemia y los infaustos pronósticos de contagio, tan temibles como la Hidra de mil cabezas y su venenoso aliento, leyenda que escuché de mi madre, las imágenes que se dibujaban en mi mente niña, me impelían a refugiarme en su regazo.

Hoy no cuento con el regazo de mamá para protegerme de los demonios que me aterrorizan. Adulta, debo valerme por mi misma. Para no caer presa del miedo al contagio, en el encierro practico algunos  pasos de I Will Survive, pieza que popularizo Gloria Gaynor a fines de los 70´s, en ocasiones canto algunas estrofas de A mi manera de Claude François, o me animo leyendo en voz alta el poema No te rindas de Mario Benedetti.

Reconozco que aún, sin haberles conocido, me entristezco por las personas que han perdido la vida por el coronavirus y el dolor que su partida ha causado en familiares y amistades. Me inquieta lo que vendrá después de estos aciagos tiempos.

Constantemente pienso en la situación que vivo junto a mis seres queridos. ¿Podremos evitar ser víctimas de este problema?, pienso en mi cómplice y todo, en mis dos hijos, en el primogénito que habita cerca y nos visita a diario, exponiéndose a los peligros de la calle. Pienso en mi benjamín, que reside en el extranjero, confinado desde hace semanas en el departamento y que solo puede salir para gestionar lo más indispensable.

Anhelo que nadie, absolutamente nadie, contraiga el virus, que todas y todos sobrevivan a esta funesta plaga, sean familiares o no, sean cercanos o no, sean conocidos o no, vivan en México, en Estados Unidos, en China, en Italia o en cualquier lugar del mundo.

A través de los medios de comunicación sabemos que en todo el mundo, incluso en países desarrollados hay carencias significativas para atender la pandemia. ¿Qué resultados podrá dar México en el combate al coronavirus?, si desde hace meses hay noticias de que los hospitales no cuentan siquiera con medicamentos para atender a niñas o niños con cáncer, ni para atender a las mujeres con cáncer de mama.

Me preocupo porque las instituciones de salud carecen de lo más indispensable para afrontar la magnitud del problema que se avecina, ¿tendrán Paracetamol?, la línea de contagios va en subida y no sabemos en qué momento descenderá. La incertidumbre pesa, el miedo abate.

Seguido me desvelo pensando en la cuerda floja por la que, cada día, transitan las y los  profesionales de salud que tratan de ganarle la batalla al coronavirus. ¿Qué podríamos hacer si ellas y ellos pierden la lid? Seguramente sucumbiríamos.

Ayer noche me pregunté ¿qué podríamos hacer para motivarles?, prendí la televisión justo en el momento en que en España daban un caluroso aplauso a profesionales de medicina, de enfermería, de laboratorio, de mantenimiento, de ambulancias, de administración...

Consideré pertinente reproducir en el barrio el reconocimiento que vi hacer en España: dedicarles cada noche un minuto de aplausos a las 8:00 p.m. Mi cómplice y yo salimos a la puerta de casa a aplaudir. No hubo eco. Tampoco hubo eco hace más de 20 años que promovimos la cultura de la denuncia de la violencia familiar, éramos muy pocas feministas, nos tildaron de locas y otros calificativos, pero conseguimos codificar el delito.

En tiempos del coronavirus, me preocupa que las mujeres, adolescentes y niñas, por motivos sanitarios estén confinadas con sus agresores, en casas que en vez de ser refugio, sitio de paz, sana convivencia y armonía, para ellas son espacios de tortura, donde se ejerce la violencia en todos sus tipos e, incluso, puede llegar al feminicidio.

Lucho contra el maldito insomnio, creo que nomás por fastidiar le gusta repasar los problemas una y otra vez. Imagino al problema cual si fuera mula de molienda, dando vueltas y vueltas en un círculo infinito, sin obtener solución alguna. Pasan los minutos y sigue dándole vueltas al molino hasta que amanece. El insomnio, sonriente, volvió a ganar la partida.

Querida Silvia, gracias por la invitación. Estos son algunos de mis temores, miedos y preocupaciones, que tienen larga data pero se han agudizado con el coronavirus.






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